Imágenes de Trabajo. Reflexiones hacia una Antropología Visual Aplicada.
El caso del Proyecto Internacional Juvenil Barrios del Mundo, y su enfoque comunicativo1. Encuentro de Antropología Visual, Congreso Nacional de Antropología, Santa Fe de Antioquia, 24-26 Agosto 2005..

A partir de la experiencia en torno a la antropología visual, y más específicamente en el marco de un proyecto de formación, investigación y gestión social con jóvenes de sectores populares, este documento recoge algunas reflexiones, aportes e interrogantes que han surgido del proceso, y que apuntan a una aproximación ética y política a la naturaleza del quehacer del científico social, en particular del antropólogo o antropóloga visual.

Palabras claves: Antropología visual; antropología aplicada; identidades juveniles populares; metodologías participativas de formación y acción; educación popular.

Autor:
Carlos Cárdenas

Antropólogo Universidad Nacional de Colombia. Investigador ENDA América Latina–Kino Pravda. Bogotá.


e-mail:
charli.cardenas@gmail.com

Recibido: 6 de junio 2006    Aceptado: 9 de septiembre 2006
 

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Esta última resulta fundamental para el carácter internacional del proyecto, dada la riqueza de la diversidad (de contextos urbanos y políticos, de ritmos, de culturas, incluso de las formas de ser joven en cada lugar), y por ende de la importancia estratégica que los procesos locales se enriquezcan con la mirada de esos otros que, también están viviendo un proceso con metodologías y enfoques similares (no deja de ser una negociación continua la búsqueda de un consenso conceptual entre los equipos de las nueve ciudades, debate que además de necesario es enriquecedor para la construcción de un marco conceptual intercultural, lo cual es todo un reto).

El proyecto, que tiene una duración total de tres años, divide cada uno de estos periodos anuales en una temática que recalca el énfasis sobre las otras dos, sin querer decir que las descarta por completo o las hace a un lado. De esta manera, para el primer año (que acaba de concluir) el énfasis fue en identidades juveniles; este segundo año la temática principal es participación y poder, y el tercer año tendrá un énfasis en autorregulación social. Por lo tanto, estas dos últimas temáticas hacen parte también de un camino ya recorrido, como tópicos que ya se han trabajado desde la formación y el análisis.

Para este primer momento que enfatizó el trabajo sobre identidades juveniles, el objetivo fue fundamentalmente el de realizar una lectura de éstas en los contextos donde se desarrolla el proyecto que, más allá de los barrios, abarca la dinámica de las localidades de Chapinero y Suba, y así sucesivamente ampliando la escala.

La ciudad de Bogotá está administrativamente dividida en veinte localidades. Mientras que Chapinero es una de las localidades de mayor actividad comercial, ubicada en el nororiente de la ciudad, limitando con una fracción de los cerros orientales de ella (establecidos como límite del perímetro urbano y reserva forestal y natural de la ciudad), Suba es una localidad de gran inmigración de habitantes de otras regiones del país, ubicada en el noroccidente de la ciudad, que también hace parte de su perímetro urbano, limitando con otros municipios, y que cuenta con una riqueza ambiental importante, constituida por una pequeña cadena de cerros y un sistema de humedales en vías de recuperación frente al deterioro ambiental generado por el crecimiento urbano descontrolado y el mal manejo de residuos sólidos.


O verdadeiro não é aquilo que existe, mas aquilo que nos fazemos.
(Bastide, 1971: 149)

Hemos buscado transformar el trabajo de campo en un momento en el que la igualdad no es proclamada o simulada, sino construida, que a su vez es un trabajo de transformación de ambas personas involucradas y de la relación entre ellas.
(Portelli, 1993: 5)

 

Introducción

Cuando uno (sujeto social) como antropólogo se ha alejado de la vida académica, y empieza a escribir unas líneas que de alguna manera transportan la intención de nuevamente acercarse a espacios académicos, se encuentra con un nuevo antropólogo, y termina descubriendo en sí mismo una nueva antropología.

A través de esta ponencia, mi intención es la de evidenciar los aprendizajes acumulados y consolidados a partir de un proceso de investigación-acción, entendida esta desde “la posibilidad de recuperar una serie de saberes que se convierten en conocimientos paralelos al conocimiento académico o ‘verdadero” (Mejía y Awad, 2004: 33), en el marco de un proyecto de carácter internacional con jóvenes, en torno a una antropología visual aplicada, desde la estrecha y multifacética articulación entre los campos de la comunicación, de las ciencias sociales y de la vida cotidiana. Es así como simplemente pretendo dar cuenta de un quehacer como antropólogo, de una pasión por la antropología visual, y de una serie de apuestas e interrogantes que en últimas son el aporte que puedo brindar.

Contexto de la experiencia: el proyecto Barrios del Mundo

Para iniciar, se hace indispensable presentar un breve contexto de la experiencia que sustenta esta ponencia. La experiencia se enmarca en el proyecto Barrios del Mundo, el cual se realiza desde hace un año -y por dos años más- en 9 ciudades del mundo: tres en América Latina -El Alto (Bolivia), Río de Janeiro (Brasil) y Bogotá (Colombia); tres en África -Dakar (Senegal), Salé (Marruecos) y Bamako (Malí); y tres en Europa -Barcelona (España), Palma de Mallorca (España) y Evri (Francia). El objetivo general del proyecto puede resumirse en la intención de generar procesos organizativos de participación juvenil, que deriven en una incidencia de políticas públicas sectoriales, así como en iniciativas productivas de autogestión2.  Para mayor información del proyecto como tal (así como fotografías y documentos powerpoint elaborados por los jóvenes), puede consultarse la página web www.quartiersdumonde.org. Aunque la ponencia surge desde la experiencia del proceso adelantado en Bogotá (desde la Ong ENDA América Latina), la intención -que además hace parte de mis responsabilidades como referente de comunicación para el proyecto en general- es la de permanentemente alimentar y actualizar el análisis con los aportes de las otras ocho ciudades, desde su aplicación de herramientas comunicativas.. Desarrollado en cada ciudad por Ong´s de carácter educativo y ambiental, el proyecto contempla cuatro componentes metodológicos, que se entienden como ejes entrelazados: la investigación-acción-participación (IAP), la cartografía social, la perspectiva de género y la comunicación.



En Chapinero el proyecto se adelanta en los ocho barrios del sector San Isidro-Patios, un sector sobre los cerros orientales, con características de territorio urbano y rural, lo que establece dinámicas sociales y culturales muy particulares y que adicionalmente presenta problemáticas graves en cuanto a que, pese a la antigüedad del asentamiento de la población en dicho sector, son barrios que aún no han obtenido una legalidad por parte de la administración distrital, generando serias dificultades para la gestión social, en términos de servicios públicos (como acueducto y alcantarillado), de educación (sólo existe un centro educativo de carácter público para las y los jóvenes del sector, existía otro pero pese a la resistencia de la comunidad fue cerrado hace 3 años, por razones que aún hoy se cuestionan) y de salud (no hay ningún puesto de salud en el sector, teniendo que hacer grandes desplazamientos para acceder a este servicio).

Por su parte, en la localidad de Suba el proyecto se desarrolla en el barrio Lisboa, en el extremo occidental de la localidad, delimitando con el Río Bogotá y conformado principalmente por población recicladora, que subsiste a partir de esta actividad informal la cual desarrollan en los barrios de estratos socioeconómicos más altos de la misma localidad y de otras vecinas.

La experiencia hasta ahora recorrida en los procesos que ha impulsado el proyecto en este primer año de ejecución, se remite principalmente a lo que tiene que ver con identidades juveniles (a nivel general, remitiéndose a las estéticas, problemáticas y expectativas de las y los jóvenes de la ciudad, y a nivel general, donde resaltan las características urbano-rurales, así como a las dinámicas que determina la actividad del reciclaje, en la vida social de las comunidades y de las y los jóvenes que hacen parte de ellas), que empiezan a proyectarse hacia espacios y formas de participación y de incidencia pública desde ellos y ellas y que apuntan al mediano y largo plazo a concretar y materializar iniciativas de productividad y autogestión que les permitan organizarse, generar espacios autónomos de participación (no sólo política) para ellos mismos y para otros jóvenes (en el presente y en el futuro). Aportando a la construcción de mecanismos de autorregulación social que fortalezcan el tejido social de sus comunidades y la capacidad de resistencia y acción frente a la incidencia -que se convierte en amenaza- de los poderes hegemónicos, provenientes de la empresa privada y de las políticas públicas.



“Este es nuestro parche, parchamos en la esquina jugando y saltando todos, por la noche bajamos al parque y jugamos con las chinas y al otro día trabajamos reciclando”. Lalo, joven reciclador.

Antropología visual aplicada

Para intentar dar un orden a aquello que con frecuencia no lo tiene, la reflexión que se hace desde esta ponencia-experiencia involucra fundamentalmente dos momentos: uno que hace referencia a un marco metodológico y otro a un marco de análisis. Pero antes de entrar en este desarrollo, se hace pertinente tocar un aspecto conceptual central a lo que aquí quiero plantear: el de la antropología aplicada, entendida como una antropología cuyo objetivo es la búsqueda de opciones de solución a un problema, “preocupada en especial por los cambios sociales y culturales, planeados o no” (Molina, 2001: 3).

Personalmente, entiendo la antropología aplicada de una manera mucho más integral de lo que suele concebírsela relacionándola, más que con una antropología al servicio de dinámicas de desarrollo o empresariales, con una disciplina que aplica conocimiento antropológico a un contexto particular, del cual se alimenta precisamente para generar dicho conocimiento y que pretende de manera explícita generar impactos sociales y apropiación por parte de los mismos actores sociales. En este sentido, la particularidad del contexto barrial se aborda inicialmente desde una educación popular, del aprendizaje colectivo, a partir de la riqueza de la experiencia que se hace tanto social como académica. Así como intervenimos en su contexto, los actores sociales intervienen en la experiencia de conocimiento a partir de los múltiples saberes puestos en circulación.

A intervenção humana na realidade social é simultanemante ação e ciência, visto que ela permite, ao mismo tempo, modificar o mundo e, ao mudá-lo, conhecê-lo.
(Bastide, 1971: 6)

Para Roger Bastide, la antropología aplicada se centra en el estudio de la “acción” del hombre sobre la “naturaleza”, la investigación de sus leyes, de sus procesos y de sus límites. Y lo más importante, no está orientada a la acción o para la planeación sino que analiza esta acción o esta planeación.

La antropología aplicada, para poder lograr dicho objetivo y desdoblarlo en una producción de conocimiento (que la inscribe en un campo de las ciencias sociales), requiere de una enorme capacidad de traducción conceptual, de un ir y venir permanente entre lenguajes (entre lo más concreto / cotidiano y lo más abstracto / conceptual). Lo que aquí se plantea, se enmarca en la que pretendo llamar una antropología visual aplicada, pues en este caso que me compete, muchos de los lenguajes que estarían estableciendo una permanente retroalimentación entre escalas, se construyen a partir de la imagen. Y para esto se hace fundamental tener en cuenta, que la imagen no hace referencia a un lenguaje visual sino a una serie de recursos simbólicos y estéticos que los seres humanos articulamos e interpretamos para comunicarnos, desde nuestro particular recorrido vital y cultural3. Este planteamiento es claramente enunciado a través del trabajo adelantado por Sol Worth y John Adair en la década de los 60´s (Worth, 1977).. A partir de la diversidad cultural humana, nuestras imágenes también son diversas.





Pero por alguna razón, suelen tener un sentido intencionado y se comparten desde sus multifacéticos relatos.

Por otra parte, al estar haciendo referencia a una antropología aplicada doy cuenta de la importancia de partir desde las necesidades e intereses de “los otros”, con los cuales se interrelaciona el/la antropólogo/a y no de las necesidades e intereses de éste/a. Por ejemplo, a partir de las necesidades explícitas, manifestadas por la comunidad en un encuentro barrial de participación ciudadana, de contar con sistemas de comunicación comunitaria, tarea que casi de manera natural asumen como campo de acción de las y los jóvenes. Se reconocen las afinidades con las formas propias de representación y lenguajes de ellos/as, que son coherentes con este tipo de trabajo. Los que hacen parte del proyecto no sólo como sujetos pasivos sino también como sujetos empoderados y propositivos, construyendo sus propias formas de representación. Es allí donde está una de las principales aplicaciones de lo participativo y una de las verdaderas potencialidades de aplicación integral de las herramientas comunicativas, que adquieren sentido y pertinencia.

Marco metodológico

Es importante dejar en claro (aunque afortunadamente y en muchos casos para las ciencias sociales sea obvio) que parto de la antropología visual como una posibilidad real de la antropología, que va más allá de la utilización de la imagen como herramienta de exposición o divulgación (como producto final, acabado, de socialización o restitución), abarcando también la utilización de la imagen entendida como herramienta, como fuente, como proceso (de representación, reflexión, investigación, sistematización), donde existe la opción de que los documentos visuales sean abiertos, detonadores, reciclables. Que así como hablamos de documentos de trabajo, podamos hablar también de imágenes de trabajo.

También debo aclarar que cuando me refiero a la utilización de la imagen, no estoy limitando la antropología visual a las aplicaciones que puedan tener las técnicas y tecnologías fotográficas y de video (como también afortunadamente en muchos casos ya es debate superado), sino que al referirse a la imagen en general, son muchas las aplicaciones que están ahí y pueden llegar a estar ahí; en el caso de la experiencia desde el proyecto Barrios del Mundo, puedo mencionar además de la foto y el video, el dibujo temático, la alteración fotográfica, la cartografía social, la elaboración de sonovisos en powerpoint, de cómics, el teatro foro (el cuerpo como imagen proyectada a otros para el debate y la reflexión), entre otros. Existe una riqueza metodológica en el desarrollo del proyecto y muchas de estas metodologías involucran la imagen y su comunicación.

Un elemento para resaltar, y que hace parte de la formación en comunicación audiovisual con las y los jóvenes (indispensable para que técnicamente se puedan apropiar de las diferentes herramientas), es el que tiene que ver con la claridad que se debe tener en cuanto a que no solamente se trata de abordar analítica y críticamente los procesos de producción de lo visual, sino también de su consumo. Es decir, para poder generar verdaderamente una apropiación de algunas de las diferentes herramientas comunicativas, con la intención de que éstas sean en sí mismas procesos de investigación-acción-participación, considero fundamental el trabajo en torno a una sensibilización audiovisual. Concepto que proviene de la experiencia desde el colectivo Kino Pravda4. Así como ENDA es el espacio laboral y social que me ha permitido participar del proyecto Barrios del Mundo, Kino–Pravda -colectivo de trabajo de antropología visual- es el espacio vital de amigos y amigas, colegas que me han permitido construir unas expectativas y unas preocupaciones que en una buena medida están implícitas en este documento. , como un derecho de los individuos y de las comunidades a entender las narrativas y las gramáticas audiovisuales que culturalmente hemos aprendido a “leer”, a descubrir las formas de producción de las imágenes y sobre todo a comprender las intenciones que subyacen a determinados tipos de mensajes, informaciones y estéticas, por ejemplo en torno a las estrategias de la publicidad, de desinformación desde las noticias, de globalización de una cultura hegemónica. Esto aporta a la capacidad activa y no pasiva de las y los jóvenes, como sujetos empoderados y propositivos, a partir de procesos organizativos.

Aparece, entonces, no sólo un nuevo lugar de socialización sino también un nuevo lugar para el control social como proyección simbólica de la identidad. Esta proyección simbólica opera en la estructura previa de los sujetos como una nueva forma que se negocia con y en la escuela; es decir, que el niño de los barrios populares ya no va a la escuela sólo a recibir, también a imponer sus códigos, a exigir que los procesos disciplinarios sean transformados y a negociar lo que él posee en su estructura previa con lo que la escuela le ofrece” (Mejía y Awad, 2004: 57).

De tal manera, el trabajo necesario de formación no se limita a lo técnico (manejo operativo de equipos de comunicación audiovisual -cámaras, reproductores y demás-), sino que abarca elementos conceptuales (lógicas narrativas no verbales, lógicas organizativas y culturales para la producción y consumo de imágenes en nuestras sociedades, etc.), que llegan incluso a ser políticos (relaciones de poder que generan los diferentes niveles de acceso tanto a la producción como al consumo de tecnologías de la información, y, en últimas, de información).

  

Marco de análisis

En esta lógica, la experiencia de trabajo con las y los jóvenes ha permitido evidenciar que aunque en un principio (para quienes pensaron y diseñaron el proyecto), el componente de comunicación se enunciaba fundamentalmente como la herramienta para poder establecer intercambios internacionales entre los procesos locales, a partir del hecho de que éstos implicaban poner en común unas temáticas y unas problemáticas a ser comprendidas y analizadas. Las herramientas comunicativas empezaron a dimensionarse en sus verdaderas proporciones, como herramientas que estaban permitiendo a las y los jóvenes:

· Reconocer, comprender y apropiar la “realidad”, entendida como una serie de construcciones sociales determinadas por el mismo individuo en su tensión y negociación con un entorno, que puede ser en determinados y diferenciados momentos su familia, su barrio, su ciudad, su colegio/escuela, etc., enmarcados siempre en una cultura determinada (registrando en imágenes, fotos y video las actividades que se realizan y dándoles un uso a las diferentes imágenes).

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· Reflexionar, analizar e investigar la “realidad” (entrevistas a personas de la comunidad -jóvenes, adultos, adultos mayores, mujeres, líderes, autoridades- y a sí mismos -jóvenes del grupo, miembros de la familia-, visionado de imágenes del pasado, video foros -del grupo juvenil y abiertos a la comunidad- con videos seleccionados y/o producidos por las y los mismos jóvenes, ejercicios de cartografía social entre jóvenes y personas de la comunidad, conversando y reflexionando sobre el territorio en sus diferentes escalas espaciales y temporales, diálogos y debates a partir de imágenes fotográficas producidas por el grupo en torno a determinados temas, etc.). El territorio es aquí, en este contexto de investigación acción, entendido como el espacio que socialmente los individuos y las comunidades construyen, incluyendo lo biofísico, pero también -y principalmente- las representaciones y relaciones que pueden reconocerse a partir de éste, en diferentes dimensiones (culturales, sociales, políticas, ambientales, económicas y productivas, etc.).

· Sistematizar la investigación, la reflexión y la organización (recoger en documentos relativamente finalizados una síntesis analítica de los procesos específicos llevados a cabo, como por ejemplo la realización de un video que recogió toda la experiencia y los principales aprendizajes y debates de un curso de gestión ambiental comunitaria en el que la mayor parte del grupo de San Isidro-Patios participó. También fueron ejercicios de sistematización, la elaboración de presentaciones powerpoint con fotografías y textos que recogían los debates que generaban las fotografías que ellos mismos habían tomado en torno a la temática de espacio público. Estos documentos más elaborados son un insumo que entregan a -pero que también reciben de- otros jóvenes del mundo, para establecer reflexiones comparativas de gran riqueza analítica).


“Este es nuestro parche, los que nos la pasamos siempre,
y también nos la pasamos montando bicicleta en la 80 y en la Florida”.
Brayan, joven reciclador.




“Estos son los de nuestro parche de los pequeños, porque son dos parches, de los grandes y de los pequeños, es así porque cuando los pequeños están con los grandes les pegan sin saber por qué les pegan.” Brayan, joven reciclador.



“Mi hermana y Fredy, a él le gusta la marihuana y a los otros les gusta el pegante”.
Brayan, joven reciclador.

Por otra parte, me gustaría llamar la atención sobre un aspecto que puede parecer poco relevante, pero que en un contexto como este, donde lo comunicativo hace parte misma del proceso de investigación y acción, resulta de mucha importancia: aquel que tiene que ver con la idea de calidad, en cuanto una competencia comunicativa.

Aunque no se ha planteado en estos términos (quizás más en términos de autenticidad), la antropología visual históricamente ha tenido un debate frente a la calidad de sus procesos y productos, preguntándose entre otras cosas: hasta qué punto el antropólogo visual requiere formación en técnicas audiovisuales o si es más estratégico lograr alianzas y compromisos con realizadores dispuestos a acercarse al quehacer antropológico, si realmente existe una categoría que podamos llamar film etnográfico, si la antropología visual ha asumido como uno de sus retos lograr crear estilos de narración audiovisual propios, desde una verdadera narrativa etnográfica o desde las corrientes teóricas que se han construido desde la antropología5. Uno de los abanderados de este tipo de debates es Jay Ruby, algunos de cuyos artículos pueden encontrarse en su página web http://astro.temple.edu/~ruby/ruby/.. En última instancia, son una serie de debates que tienen que ver con una preocupación por lo que yo llamo calidad y, que también, se plantea como una inquietud frente a los procesos y productos que los jóvenes han generado a partir de la experiencia del proyecto.


En este sentido, la antropología visual aplicada aquí señalada, contempla una noción particular de la calidad o de la competencia comunicativa, entendida en dos niveles:

- Una primera, indispensable, tiene que ver con la calidad de los procesos, que es básica para la segunda y para el cumplimiento de las intencionalidades desde las que se plantea, en este caso, el proyecto Barrios del Mundo. Es una noción de calidad que remite a pertinencia, coherencia, legitimidad. En términos de una competencia comunicativa, evidencia la importancia de una efectiva dinámica de la comunicación al interior de procesos de este tipo.

- Una segunda que tiene que ver con la calidad de los productos, que implica principalmente valoraciones estéticas y a partir de las cuales creo importante tener en cuenta dos aspectos: por una parte, es importante tener en cuenta que el objetivo primordial no es el de producir documentos visuales (o audiovisuales) de alta calidad. Pues desde lo que en determinado momento se pueda valorar como de poca calidad, existirían elementos que son un insumo para el análisis de dichos productos, sobre todo si son abordados como los biodocumentales de Sol Worth. Entendidos éstos como aquellos documentos visuales culturales, producidos por personas de una comunidad particular, sobre ellas mismas.

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En este sentido, el proceso contempla también que las y los jóvenes ejerciten la escritura y la oralidad para potenciar sus capacidades de expresión, descripción, ordenamiento de las ideas y ejes de análisis, en pos de su capacidad y potencialidad de estructurar el pensamiento y conocimiento en otros tipos de lenguajes, en este caso visuales. Aunque no se trata de formar jóvenes antropólogos/as desde este proceso de educación no formal -que incluye tanto la investigación como la acción transformadora-, el hecho de que estén formándose en la aplicación de técnicas etnográficas para reconocer y apropiarse de sus propias realidades, conlleva a que haya una pequeña expectativa en que los documentos producidos sean documentos culturales, con algunos elementos etnográficos. De allí, la importancia de lograr un cierto nivel de estructuración narrativa desde la etnografía (escrita y visual), que en todo caso es un proceso subjetivo e intersubjetivo, respondiendo a la compleja problemática y al interminable debate que esta cuestión suscita en el ámbito de la antropología visual más académica (¿Cómo se enseña a escribir textos etnográficos? ¿Y a escribir imágenes etnográficas? ¿Es fundamental saber escribir textos etnográficos para saber “escribir” imágenes etnográficas? ¿De ser así, funciona también a la inversa?).

Pero por otra parte, una exigencia desde el proceso en la calidad de los productos y desde la competencia comunicativa expresada a través de éstos, se revierte en una mayor apropiación de los jóvenes con esos documentos que han logrado hacer, que han elaborado como expresión de sí mismos (individual y colectivamente), y con ese proceso que ha permitido generar ese tipo de documentos. Es decir, hay que buscar un permanente equilibrio para poder entender la importancia de lograr productos de cierta calidad (considero indiscutible que en términos del proceso, la calidad es prenda de garantía).

Hacemos video y tomamos fotos para ver cómo es lo de nosotros, y para vernos cómo es que somos nosotros
Lalo, joven del barrio Lisboa

En este marco de análisis, en el que el tallerista y amigo se desdobla en el antropólogo, se plantea desde este sujeto social -en este caso yo mismo-, la posibilidad de recoger y recorrer los procesos y productos que han ido generando las herramientas comunicativas, para que a partir de un análisis de texto (desde los productos principalmente) y de contexto (sobre todo desde los procesos), se puedan afinar unas percepciones y así generar un conocimiento antropológico sobre algunos aspectos de las y los jóvenes (en particular pero también hasta cierto punto en general), abordando aspectos como la construcción de identidades, de estereotipos, de formas de representar el mundo, de roles y representaciones de género, del ejercicio de una ciudadanía, etc., todo desde una metodología apropiada que se plantea como una posible antropología visual aplicada. A partir de la experiencia de producción y consumo de documentos audiovisuales, las y los jóvenes se autorepresentan y se reconocen, se miran a sí mismos frente a la educación, la salud, la cultura, el medio ambiente, el empleo, la política, etc.)

Y es que el carácter de proceso que se establece para el proyecto Barrios del Mundo, permite un desarrollo verdadero de formación en investigación-acción, también en cuanto a la aplicación de herramientas comunicativas, como el video. Para nombrar un ejemplo, el video que recoge la experiencia del curso de Gestión Ambiental Comunitaria.



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Este curso, realizado anualmente con docentes, estudiantes, líderes comunitarios y recicladores, hace parte de otro proyecto de ENDA América Latina, es un punto de articulación entre proyectos, con un grupo específico destinado a ser semillero para el proceso de Barrios del Mundo. Por otra parte, cabe mencionar que el video lleva por nombre “Conocimiento en Vivo”, colocado por las y los jóvenes mismos, dando cuenta de la manera en que a través de determinadas metodologías ellos han accedido, en vivo y en directo, a un conocimiento, que no necesariamente tiene por “hábitat” exclusivo las aulas, los tableros, las conferencias, los libros.

Y es que el video, de una duración de diez minutos, pese a ser uno de los primeros ejercicios colectivos, da cuenta desde sus intenciones de una sistematización del proceso que implicó el curso desde las y los jóvenes, en un lenguaje que conocen y que les gusta, pero que hasta ahora empezaban a racionalizar (como lenguaje). Utilizando registros fotográficos y de video de lo que fue el curso a través de las diferentes actividades realizadas (talleres, recorridos, intercambios, conferencias, entrevistas, etc.), y también utilizando recursos sonoros, el grupo definió las temáticas que estructuraran el video y finalmente se organizó en pequeños comités para seleccionar los diferentes tipos de material. De esta manera, la repartición fue de la siguiente:

- La música, principalmente canciones de rock, seleccionada a partir de la letra de las canciones, que fueran pertinentes a las temáticas y a las imágenes utilizadas.

- Textos en off, una joven del grupo (cuya capacidad para escribir y expresarse resalta), escribe algunos textos a partir de las temáticas definidas, que son leídos por ella, así como por otros y otras jóvenes.

- Material fílmico, registros de las actividades del curso y selección de algunas imágenes de documentales vistos durante el curso. Este grupo más pequeño fue el que realizó la edición final del video.

- Material fotográfico, selección de fotos representativas.

Esta experiencia permitió acercarse en la práctica a la propuesta del cineasta soviético Dziga Vertov para la noción de montaje, entendido como un proceso que se inicia tan pronto el ojo humano, desarmado, tiene la intención. El montaje como ejercicio intuitivo y agudo antes, durante y después de la observación, “es ininterrumpido desde la primera observación hasta el film definitivo” (Vertov, 1974: 81). Aunque en este caso desde un comienzo no estaba establecido como objetivo la realización de un video que recogiera toda la experiencia del curso, el hecho que se hubieran realizado talleres de video (cámara y edición), y se hubiera registrado la gran mayoría de las actividades implicó, de todas maneras, la intención de realizar algún tipo de documento o varios documentos de tipo visual, en algún momento del proceso.



La dinámica colectiva que implicó la realización de este video nos permitió a todos y todas conocer más de cerca una propuesta de montaje más integral, involucrando todo el procedimiento investigativo y creativo que se generó a partir del proceso formativo del curso de Gestión Ambiental Comunitaria. Más que de un guión, se partió de un plan de trabajo a partir de la definición colectiva de lo que sería el video, lo que necesariamente implicó un cierto nivel de discusión frente a los contenidos del curso, desde lo conceptual y su aplicación en lo cotidiano.

Por otra parte, es innegable que la cámara, aunque interviene (no es invisible ni desapercibida) no interfiere; incide en las situaciones por su sola presencia, pero no las rompe, incluso en ocasiones las genera. Y entre las y los jóvenes, se convierte gradualmente en un elemento familiar del entorno durante las dinámicas del grupo que no deja de generar situaciones conflictivas, como por ejemplo la disputa por el manejo de la cámara. Evidenciando el ineludible rol de ésta como instrumento de poder (a pesar de la realización de diferentes talleres, dinámicas y conversatorios en torno a las relaciones de género, y de los avances en este aspecto, en general son los hombres quienes manejan las cámaras).






Al contemplarse una serie de momentos formativos en el desarrollo del proyecto, que podrían acomodarse al tipo de socialización formalizada que diferenciamos como educación no formal, surge la pregunta frente a las diferencias que puedan reconocerse en la aplicación de tecnologías de la información y comunicación, en procesos de educación formal y no formal y, más aún, en la misma educación informal (referida al mundo de la vida cotidiana, a través de la familia y la interacción social (Mejía y Awad, 2004)). Con la posibilidad real y confirmada de estas iniciativas y necesidades para la educación en general, se hace más notorio el papel de retroalimentación entre los tres tipos de socialización. Y, para lo que aquí compete, las posibilidades y discusiones de una antropología visual aplicada a lo educativo se expanden.

Pero como el proyecto en que se enmarca esta experiencia contempla un proceso que desborda lo formativo, desde lo comunicativo también se generan propuestas, al interior de los grupos de jóvenes que apuntan a la autogestión de iniciativas productivas. Así como el grupo de San Luis proyecta una huerta experimental de agricultura urbana y una serie de rutas ecoturísticas guiadas, también se proyecta un cine-club comunitario, con ciclos de cine- foro temáticos y la producción propia de documentos audiovisuales para presentar tanto en el cine-club, como en el canal comunitario que los mismos jóvenes activarán. El componente comunicativo no se desliga en ningún momento de los otros campos de acción del grupo y del proyecto, siendo además una estrategia implementada para todas las etapas del proceso.

Enuncio ahora algunos interrogantes que han surgido en algún momento que orientan y proyectan abordajes, metodologías y exploraciones conceptuales a partir del actual desarrollo de los procesos de investigación acción.

¿Los jóvenes, cuando se apropian y adaptan a su cuerpo y a su entorno las herramientas de comunicación, no están también apropiándose de las posibilidades de un lenguaje común, para adaptarlo y resignificarlo a su vez? La aplicación de herramientas comunicativas con jóvenes genera expectativas en diferentes niveles, además de herramienta de investigación para el empoderamiento, permite que se elaboren documentos culturales desde ellas y ellos mismos. Esto nos lleva a preguntarnos sobre las formas de representación del ser joven (de unas formas específicas de ser joven), sobre las formas de elaboración de narrativas a partir de esas mismas representaciones visuales y también sobre la forma en que la aplicación de lo comunicativo, efectivamente hace parte de un proceso que abre caminos para la participación social, pública y política de las y los jóvenes, a partir del empoderamiento. ¿Hasta qué punto las formas de representación desde las y los jóvenes son particulares o diferenciables? ¿En qué aspectos concretos aporta lo comunicativo a un proceso de empoderamiento, que conduzca a la práxica, entendida como la incidencia en el entorno social, físico y cultural?.

No se puede dejar de lado, que la capacidad de producir imágenes y construir representaciones como característica fisiológica del ser humano, se enmarca siempre en un contexto y en una cultura.

Y en este caso, donde esa producción de imágenes y construcción de representaciones se enmarca en procesos juveniles urbanos en diferentes ciudades del mundo, se hace válido tener en cuenta para lo comunicativo, lo intercultural atravesado por numerosas variables y nociones, pero apropiado para abordar las dinámicas culturales desde lo joven que pueden ser multilíneales, impuestas, voluntarias, contestatarias, estratégicas, etc. De alguna manera, se estaría planteando en términos generales una geopedagogía (Mejía y Awad, 2004), implementada en buena medida a través de metodologías que aplican tecnologías de la comunicación.

El reto, finalmente y de manera recurrente, está en sedimentar cada vez más el ir y venir entre la práctica cotidiana y lo conceptual, sabiendo aprovechar al máximo las experiencias de utilización de herramientas comunicativas desde las y los mismos jóvenes. Considerando la importancia de que esos aportes desde la aplicación de una antropología visual se reviertan de alguna manera en las cotidianidades, en los barrios populares donde ellos y ellas habitan, en sus mentes inquietas que buscan caminos de realización y en la conciencia del científico social que desde su justa medida quiere incidir en su entorno, incapaz de rechazar la absurda idea de que la antropología o es aplicada, o no es nada.

A ação prática do antropólogo, longe de prejudicar a ciência, favorecerá, ao contrario, seu progresso, abrindo-lhe novos caminhos.
(Bastide, 1971: 18)

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Bibliografía

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